Benditas tus manos

El temor persiste y las personas insisten en hablar en un tono pausado sobre la masturbación.

Los hombres y las mujeres son discretos cuando se refieren a la acción de recibir placer con sus propias manos por una onda de prejuicios que aún no entiendo por qué continúa, cuando estoy casi segura que la mayoría de las personas en su juventud y madurez se ha masturbado.

Pero yo no voy a entrar en detalles sobre este tipo de masturbación, sino la de manos ajenas y benditas y sagradas y exquisitas que se divierten con cada quien. Esas que te tocan y hacen que el placer aumente y el orgasmo llegue solo con tocar el clítoris, con entrar en la vagina en reemplazo del pene, o de las manos que tocan el pene en reemplazo de la vagina.

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Onanismo Acuarela por Peter Johann Nepomuk Geiger (1840)

No cualquier mano sabe cómo montarle competencia a los órganos sexuales, porque creo, las personas desconocen qué causa placer a su pareja, que puede preferir una mano tierna o una mano que va aprisa.

Lo cierto es que las manos son parte esencial, fundamental, primordial y necesaria en las relaciones sexuales como preámbulo a la penetración. No sé si todos piensen igual, a lo mejor alguien considera que es delirante sentir placer con ellas y mucho más con las de otra persona; yo, por lo contrario, pienso que son benditas las manos que te saben masturbar.

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