María y Adán crearon el sexo

Salvador Viniegra y lasso de la vega
El primer beso de Salvador Viniegra y Lasso de la Vega, 1891.

María despertó en un bosque lleno de mosquitos y hojas marchitas. No sabía que había sucedido porque no recordaba un antes. Estaba allí sin recuerdos. Sola con una vegetación que se perdió en su mirada.

Se halló desnuda y sintió vergüenza. Se tapó aunque nadie la miraba. Corrió a la orilla de un lago, se miró y su piel lucía blanca; sus ojos no querían mirar sus senos y su vagina. Sintió que si se miraba ahí, algo pasaría. Era un presentimiento, uno que nadie le dijo que existía.

Un venado apareció junto a María. Ella lo reconoció como la presa que saciaría su hambre, la que nunca antes la embargó. Ese día también aparecieron el miedo, las ganas de tomar agua del lago y de taparse el cuerpo. Nació el deseo y la conciencia. María los había soñado: todo ellos se quedaron en su mente para no irse jamás.

La mujer de cabello largo conoció ese día al aburrimiento y decidió tomar en sus manos tierra y agua. Comenzó a moldear una figura que se le pareciera. Pero sintió envidia, entonces quiso hacerle algunas formas diferentes. María quería ser única.

Moldeó la figura con cabello corto, para que el suyo reluciera en el bosque. No le puso senos, solo unos puntos pequeños y desinflados.

María se miró y se tocó la entrepierna hasta que sintió un temblor. Le pareció tentador volver a tocarse, pero su dedo se perdió en un hueco, y cuando decidió hundirlo más, más se iba a un lugar imaginario. Sus senos se hincharon. Creyó que se trataba de algo ajena a ella. De pronto un alga marina se apoderó de esa parte de su cuerpo.

Decidió explorar más, por curiosidad. Metió dos de sus dedos y su vagina se abrió con obediencia; se moldeó a sus dedos. Pero aún no podía encontrar un fin, un tropiezo.

Sacó los dedos pegajosos, miró la figura de tierra en el suelo y le creó el pene: duro, ancho y largo para que explorara por María el interminable pasaje, el cual no comprendía. Ese día, le delegó a Adán, como llamó a su compañero, la tarea de descubrirla.

María y Adán
Ilustración de Sully Santos
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