Un baile solo para ti

Ilustración de Sully Santos.
Ilustración de Sully Santos.

Ella entra al bar con el cuerpo recto. Mira a su lado derecho y su boca se convierte en una leve U. Mientras él saluda con ímpetu a un amigo que se encuentra en el mismo sitio: música vieja a retumbar, luz amarilla y leve como de foco a punto de dañarse. Paredes cubiertas de retratos pintados y fotografías de los artistas más destacados de la música romántica.

Sentados en la mitad del bar beben whisky y platican de los oficios de él: Edificios por construir en Bucaramanga donde no queda espacio para caminar y sí unos cuantos metros cuadrados para levantar los últimos apartamentos de la ciudad.

Ella asiente con el rostro. Aprueba todo lo que él dice. No piensa en recriminar algún comentario que salga de su boca. Quiere mantenerlo contento. Qué piense que es el hombre más afortunado por estar con una mujer que no reniega, solo asiente.

Su pelo rubio ficticio y liso, tras el calor que recibió de una plancha empieza a moverse de un lado a otro. Comienza a mostrar la verdadera mujer que es. Se despeina y peina. Sus piernas empiezan a pasarse una encima de la otra. El trago la desinhibe y es fácil que interrumpa al hombre que lleva toda la noche con los ojos puestos en ella:

– Estoy cansada de montar en bus. A mi edad ya debería tener un carro. Todo el mundo tiene uno, ¿voy a comprar uno?

Él acomoda sus lentes. Abre sus ojos cómo si quisiera meterse en su carne. Todo lo que ella dice con y sin sentido. Si viene o no al caso es irrelevante. Solo espera que siga abriéndose a él. No le importa su mente, le importa su cuerpo.

– Toma –

Él le pide que beba más.

Retumba Tú llegaste cuando menos lo esperaba, de Leo Dan. Ella, como una adolescente la canta con las manos. Ha retrocedido 20 años. Se siente joven de nuevo:

Tú llegaste y te fuiste sin decirme ni siquiera adiós. Me di cuenta que sin ti, no podía yo ser nadie. Qué te pasa corazón… Qué cosas tiene el amor… Yo no quise enamorarme sorpresivamente así. Ahora debes perdonarme…

 

Él ríe y mira alrededor para ver si alguien más nota la espontaneidad con que ella se muestra. Vuelve la mirada a los ojos marrones y brillosos de la mujer. Bebe un trago que llena toda su boca para disimular las ganas de echarse encima de ella.

Él se siente como el espectador de un show. Es un magnate y ella es su emperatriz. Por un instante pasa por su mente que ella luce un traje pequeño, labial rojo y que pone un billete en su panty.

Vuelve a la realidad y está ella con un pantalón ajustado y una blusa pavorosa. Sus brazos están descubiertos. Sus senos no se asoman, pero se marcan perfectos en la profundidad de un sostén negro y un collar fino que apunta en dirección a la provocación.

Brinca, está de pie frente a él. Le baila sin importar si hay alguien más en el sitio. El sigue sentado.  Ambos dominan, son dueños del bar. Ella se agacha y le presume sus labios, lo antoja: pasa las manos por su cintura y sus senos. Mueve la cadera. Las rodillas se curvan un tanto. Va hacia él, de nuevo, y se aleja. Él quiere poseerla. Ella aún no se deja. La botella casi llega a su fin.

Ella es una paloma y sigue su canto:

Sé que estás pensando que te soy infiel, que te estoy mintiendo por primar vez. Cariño mío porqué ocultarlo, porqué decirlo, qué debo hacer. Sé que si lo niego no me creerás. Y si te lo cuento me abandonarás. Cariño mío te tengo miedo, qué no es un juego, es mucho más. Cariño mío no sé qué hacer, seguir callada y seguir con él, o ser sincera y serte fiel. Cariño mío ya no sé qué hacer.

La mujer está casada y no sabe si quiere quedarse con él o con el otro, o con los dos. Porque a uno lo quiere y al otro lo desea. Él y el otro no lo saben, ella no sabe qué hacer. En la balanza están los dos. Ella, por ahora con la voz borracha le dice:

– Solo bailo para ti–

 

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2 comentarios en “Un baile solo para ti

  1. Me toca tu breve cuento porque está escrito por una mujer, de allí que el erotismo es una cosa alada que cuelga de los labios sensuales cuando cuenta cada momento de esos impulsos y silencios de dos seres que quieren tener un ecuentro.
    Solo puedo decir: Miraba el anturio todo húmedo en la penumbra y rojo con el deseo de cerrarse como una vagina,,,

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