El hombre que mata un polvo

Las mujeres nos reunimos, de vez en cuando con unas copas o una buena cerveza, a hablar sin planearlo de los hombres.

Desvestimos a los más lindos, mientras apretamos los labios, desplumamos a los incorregibles mal polvo y asesinamos, con el pensamiento y las palabras, a aquellos que, pobres, no pudieron llevarte a la cama.

Hoy dedicaré unas cuantas palabras a hablar de los que no pudieron llevarte a la cama. A esos jóvenes u hombres de la mediana edad, que no lograron su cometido porque son inmanejables, pero si capaces de hacer que salgas huyendo.

Son el opuesto a Charlie Harper, para comenzar por describirlos. Son más bien una reencarnación deficiente de Alan, y conste, en realidad existen hombres así. Aquellos que no saben conquistarte para una noche de arduo sexo, o varias noches de mucho y rico sexo, no necesariamente amor o la conformación de relaciones amorosas duraderas.

Me refiero a esos hombres que matan un polvo porque nunca invitan a cenar y pretenden que les des un beso en el carro y luego se sienten con derecho a más. Aquellos que están frustrados con sus relaciones pasadas y sacan a colación lo mal que les fue.

No se trata de hacer méritos porque la mujer espera que le muestren un anillo de compromiso. Se trata de seducir para tener un polvo. Eso se hace. Y surte efecto. Créanselo, hombres.

Mujeres, ojo, en Colombia existen esta clase de espécimen que parece no haber leído el manual de conquista por un polvo que da la experiencia. Andan por ahí en las ciudades, bien vestidos, y hasta con la billetera llena, pero con la menta desajustada.

¡Quién sabe cómo esté su pene! Y podría casi asegurar que si no son capaces de seducirte previo a su propósito, no podrán ni bajarte el pantalón.

como-conquistar-a-un-hombre-maduro1-300x201
Tomada de: seductoramortal.net

 

 

 

 

 

 

 

 

Anuncios

Mi primer vez en un bar swinger

A las 10 de la noche llegamos a la calle la 82 al norte de Bogotá. En la zona se localiza uno de los bares swinger más conocidos pero desapercibidos para quienes piensan que allí habita una familia. La fachada lo refleja.

En la entrada de la casa blanca se halla una mujer y un vigilante. Ella pregunta si es la primera vez que visitamos el sitio. Él se encarga de la requisa.

Hago la aclaración: Es mi primera vez en un bar swinger. Es así como de tras el pago del cover, ingresamos a la casa.

Como en cualquier otro bar están las luces de neón, sofás y una pista de baile. Observo con discreción el sitio y luego nos sentamos en un sofá rojo. Noto que ninguno tiene mesa al frente. Están puestas a propósito en la parte lateral, lo que permite que veamos a las parejas que nos rodean.

Una salsa, merengue clásico, muy clásico, un reguetón y vallenato suenan a media que pasa el tiempo. La música alude a que en el sitio convergen parejas, hombre y mujer, no aceptan parejas gay, mayores de 25 años. Los más jóvenes en el sitio éramos nosotros.

Las parejas bailan en la pista sin insinuarse nada entre ellas. Otros beben una cerveza o un vodka; podrían ser los vecinos del conjunto residencial donde usted vive, o el decente y mojigato compañero de trabajo que se sienta en su piso de trabajo. Todos con vestuarios discretos y casuales. No predominan las curvas en ellas y mucho menos en ellos.

A las 12 en punto una mujer realiza el respectivo estriptis que un hombre publicitó por micrófono durante toda la noche.

Ella baila y se desnuda ante el público. Luego aparece un hombre que le sigue los pasos. La mujer con curvas recorre todo el bar y se acerca a algunas parejas para que la toquen. Se quita el brasier. Los hombres rozan sus senos y una sonrisa se asoma en sus bocas.

Él se pasea por el bar y unta con una crema las manos de los asistentes y las dirigen a su torso. Nosotros observamos. Nunca se acercan para que tengamos contactos con ellos. Supongo que interpretan miradas y leen los cuerpos de quienes solo quieren mirar.

Diferente sucede con una pareja: Ella una señora grande; digo grande porque es robusta, está acompañada de un pequeño hombre de bigote grueso; digo pequeño, porque es bajo y parece que si ella estuviera encima de él podría ahogarlo. Deben tener más de 47 años, sin duda.

Ambos parecieran gozar el estriptis como si fueran adolescentes. Quién lo creyera. Ella se mueve con la música y es una de las mujeres que disfruta rociar la crema sobre un pecho marcado que se acerca y poza encima suyo.

Foto: www.soyate.com
Foto: http://www.soyate.com

Termina el show y en menos de 5 minutos, sin exagerar, el bar queda vacío, literalmente desértico. Subimos al segundo piso y veo el sauna y turco que serán el preámbulo para quienes en un cuarto con un sofá redondo color negro, tendrán sexo. Todas las parejas están en esta zona.

Una luz de neón baja ayuda a ver un poco las siluetas de las personas que llegan con una toalla blanca a follar al sofá que puede ser ocupado por 10 parejas, una tras de otra, sin distancia mayor a la de una palma de la mano.

Algunas de las parejas inician con sexo oral. Entonces veo que él está de pie y ella coge su pene y lo lame, lo chupa mientras el hombre, quizás de 45 años, se contrae.

Sobre el sofá ya hay una mujer que está sobre un hombre que gime de forma discreta. Ella toca la espalda desnuda de la mujer que tiene al lado y que está también sobre un hombre. Ambas se tocan las nalgas y comienzan a mover su pelvis cada vez más rápido, procurando llegar a un orgasmo. Cuando sucede, se sientan junto a sus acompañantes y ponen la toalla blanca sobre su cuerpo mientras miran a otras parejas gemir.

Algunas parejas solo observan en unas sillas ubicadas frente al sofá. ¿En cualquier momento se lanzarán a tirar como los demás o solo serán voyeristas?, como yo que estuve con un vaso de vodka mirando todo a mi alrededor.

Llega otra pareja. Esa discreta que se podría ver en todos los sitios jamás pensados, menos los creados para tirar.

Trataba de buscar en la mirada de esta pareja algo que me dijera que pertenecen a ese mundo del placer de observar y ser observados teniendo sexo, pero no lo logré. Confirmo que las apariencias engañan, y que aquellos con cara de yo no fui, podrían ser los más calientes y malpensados en la cama.

Entonces él desnudo se acuesta en el sofá y ella se monta encima. Ella mueve sus caderas y él las coge para guiar cada movimiento. Un gemido cómico, ruidoso, de esos que quieres callar con una cinta de plástico nace del hombre. Si yo fuera ella, ya me hubiera bajado…

Buscamos con la mirada la pareja dispareja de la que hablé antes. Están en el sofá. Ella acostada, para fortuna de él, que está como un muñeco, manejable, sobre ella. Se mueven despacio, si afán.

Huele a sexo. Se ve sexo. Se escucha una melodía de gemidos masculinos y femeninos, frescos, vivos. Sin temor por el cuerpo desnudo, sin miedo a expresar placer.

Comparten el bienestar de exponerse a que los vean y a ver como inspiración para excitarse más. Este bar swinger debe ser una salida a la monotonía de quienes llevan mucho tiempo follando en sitios usuales, y un fetiche para quienes esta clase de exposiciones y eventos sexuales son los que realmente los hacen sentir plenos.

Ahora me pregunto si volvería a este u otro bar swinger a tirar sobre un sofá y no como espectadora. Les dejo la duda.

¿Quieres tener sexo?

A las 5 y 30 de la tarde Andrés llama a Vanessa. Le habla sobre el estado del clima y su familia. Le desea que le vaya bien en sus tareas diarias.

En un momento la conversación se acaba. El silencio se prolonga y ella continúa con amabilidad la charla. Andrés no aguanta más:

–¿Quieres tener sexo?

Vanessa es una mujer joven. 30 años, soltera e independiente. Lo mejor de todo: Ama el sexo. Por eso le responde si enredos: –Sí, dale. Nos vemos en el café de siempre, a las 8 de la noche–.

Es un sábado sin planes de amigos o familia. Ella lleva más de un mes sin tener sexo, pese a que ama el sexo; que quede claro.

Andrés y Vanessa son amigos. No tienen derechos, como se ha escrito por ahí. Esa frase de “amigos con derechos” le asusta.

Lo que hay entre ambos solo es deseos de follar y cuando escucha la palabra amigos piensa en Renato, que le recuerda a su hermano. Y eso de derechos, no. Acá nadie exige nada, piensa. (Lee: No apto para cardiacos)

abrazados-10

Vannesa y Andrés lo que tienen es una conexión física. Sencillo: Él la toca y ella se excita.

Vannesa no quiere a Andrés para el amor y tampoco de enemigo. No espera la cena romántica, ni los regalos en cumpleaños, ni la pelea de reclamo. La formalidad de la cama se resume a un gemido largo y mejillas sonrojadas. En un arrunche, que no liga emociones, pero que no se descarta, porque ella no es una puta.

No soy puta y tú lo sabes. Por eso me gusta arruncharme contigo una hora–, repite Vannesa.

Andrés acepta el arrunche porque la quiere, pero no es un hombre de compromisos. Ama la libertad, como ella ama el sexo. Es un tipo, de esos mayores de 38 años, que se acomodaron a las mujeres modernas que no esperan de rodillas, la confesión de amor.

Él la busca cada semana. Y ella, que tenía más de un mes sin tirar, no resiste decirle que no, como la última vez.

–Soy muy débil– Se dice Vannesa que intenta, mientras chupa una uva pasa, tomar consciencia: –Debería cambiar de amante. Esto con Andrés parece ya un casamiento sexual–.

Pero Vanessa no ha encontrado un Andrés 2 en la cama. Y sabe que el sábado próximo, él la llamará a preguntarle del clima de la ciudad, la invitará un trago y una comida ligera. Se mirarán y se dirán todo. Subirán las escaleras del edificio donde él vive y follarán.

Vannesa se traga la uva.

Las fantasías eróticas que más pesan en las mujeres

La cabeza de una mujer no tiene límites. En una orilla está el romance y en la otra la suciedad, sexual. Esa mezcla permite que nuestra mente pueda hacer y deshacer cuando de fantasías eróticas se trata.

Diferente a los hombres heterosexuales, o por lo menos la mayoría, una mujer ‘hete’ puede disfrutar solo con el pensamiento de un encuentro con una persona de su mismo género. Pienso en este momento, que ella mete su mano en mi vagina y besa la orilla de mi boca y me parece muy excitante.

Una fantasía es una vivencia mental. Un sueño revelado con imágenes y sensaciones que causan placer y por eso se piensan en ellas, una y otra vez, en el trabajo, cuando conduces, ves televisión o te bañas

crop

Quiero hacer un paréntesis sobre la educación sexual recibida por las mujeres. Nos han dicho que nunca debemos proponer qué nos gusta que nos hagan y qué queremos hacerle a él. Es un pecado fantasear y eso ha llevado que solo se disfrute en una cama.

Creo que las fantasías tienen como punto de partido salir del confort de la cama para explorar en ambientes poco comunes, en transformar lo cotidiano, en permitirse escoger de una bandeja llena de comida, el plato que más excita y sin tabú.

Al retomar el tema en sí del tipo de fantasías sexuales que más gustan a las mujeres, se encuentra el tomarse fotografías o hacer videos de desnudos y compartirlos con quien les causa placer.

Asumir el rol pasivo, por un día, que consiste en dejar que el dominio absoluto esté en manos del hombre, se incluye como una fantasía. Y aunque ellos se le miden más a tirar en sitios públicos, sea cual sea, ellas no descartan esta opción de placer. 

La playa parece el sitio que combina excitación y romance. Allí no se disfruta tanto el follar por la arena inescrupulosa. Aun así, puede ser el sitio perfecto para compartir un organismo si las circunstancias lo permiten.

Algunos lugares más riesgosos son el trabajo o el baño de un amigo cuando se visita. Ambos pueden acelerar la excitación, porque más que públicos, son extremos por el vínculo con las personas que ahí se encuentran, lo que hace de esta, una fantasía aun más rica.

Las mentes más abiertas de las mujeres rondan por las fantasías que incluyen intercambio de parejas o más de 2 personas en la cama. Los hombres no son los únicos que deliran de placer con ellas.

El juego de roles anima una relación larga y quizás cansada de la monotonía sexual. Qué tal si ella, él o ambos son otra persona por un día. Para eso se puede planear el encuentro y lucir una personalidad distinta con ayuda de maquillaje y vestuario.

Lo único que puede frustrar que se cumpla alguna de estas u otras fantasías, es la mente, porque siembre habrá alguien dispuesto a complacer.

Curioso: Un estudio realizado por la universidad de Vermont demostró que el 98 % de los hombres y el 80 % de las mujeres fantasean con otras personas. El 48% reconoció que esa fantasía les generaba un sentimiento de culpa.

¿Dejaría de tener sexo como el actor Verástegui?

Después de escuchar la entrevista hecha por CNN al actor y productor mexicano, Eduardo Verástegui, sobre los 13 años que cumple sin tener sexo, apruebo solo un argumento que da para haber tomada la fatídica decisión.

De manera rápida les cuento las razones por las cuales Verástegui no ha tenido sexo por más de una década. En la entrevista dice que a los 28 años de edad,  hace 13 años, su profesora de inglés le preguntó: ¿Cuál sería el hombre que escogerías para tu hija?

Por supuesto, el actor describió a un santo como el prospecto perfecto para la hija que aún no ha nacido, y es que sin sexo, ¿cómo?

Foto tomada de www.see-sex-shop.com
Foto tomada de http://www.see-sex-shop.com

La profesora le lanzó la pregunta porque él, señala, a esa edad follaba con cuanta vieja se le atravesó, lo que alimentó su ego varonil pero no lo hacía sentir pleno. Por lo contrario, se acercó a las mujeres para tener un rato de placer, y no le gustaría que un hombre le hiciera eso a su hija, incluso a su madre o hermanas.

Desde entonces, Verástegui decide no tener sexo con mujer alguna que no sea la madre de sus hijos, es decir, su esposa. Mujer que no conoce, según afirma en la entrevista de televisión.

Foto tomada de www.radioformula.com.mx
Foto tomada de http://www.radioformula.com.mx

El actor manifiesta que es extremo, y sí que lo es. Porque, independiente de que toda hija de cualquier hombre se merezca una pareja fiel, leal y un montón de cosas más, existen categorías de relaciones. Unas tendrán amor, romance y sexo. Otras sexo… y solo buen y rico sexo, como otras solo amor.

No por elegir la segunda opción, las mujeres son “abusadas”, como lo señala el actor. Las mujeres son dueñas de su cuerpo y responsables de protegerlo y compartirlo con un hombre en diferentes circunstancias.

Somos libres de elegir el camino a seguir y determinar qué tipo de relación y con quién se tiene. Esto aplica a mujeres independientes, seguras y maduras, que no se enamoran de la persona con la que tienen sexo, sino que disfrutan una y otra vez la conexión física que se crea entre ambos.

Yo también espero un hombre “santo”, lo confieso, que pueda ser fiel, leal, buen polvo, tierno, trabajador, sincero… pero diferente a Eduardo, no pondré candado a mi vagina mientras llega. Eso sí, las llaves de este lugar, solo las manejo yo.

Lo sacro de un orgasmo

La barrera se rompe para tocarse, toda la piel. La humedad de mi vagina me delata, después de besos, caricias y de mirar sus ojos.

El cierre del sexo, con un orgasmo, es la respuesta a un vínculo al que llamo sacro. Un instante en el que hablo con un gemido para decirle que me gusta, lo quiero y deseo. Que buscaré que se repita, lo terrenal y fuera del universo, del corto momento en que se hinchan mis labios inferiores.

El orgasmo es un obsequio que me doy y que ofrezco en par y par con mis piernas abiertas y mi boca casi deshidratada. Un tesoro que se sirve como un plato recién hecho a quien queremos complacer y de quien recibimos complacencia.

Tomo su cabello con fuerza y paso mis uñas por su espalda. Mi cuerpo no pesa, y entonces, entrecierro los ojos y él me ve. Repetiré esta escena contigo, mañana. Solo trae tu pene de regalo.

 

Foto: tomada de http://www.puranoticia.cl/
Foto: tomada de http://www.puranoticia.cl/

Abucheo al solapado

Esas personas solapadas que no hablan de sexo delante de nadie y se riegan en prosa sexual con tragos en la cabeza cuando muestran su lado sadomasoquista es a quienes dedico este artículo de opinión.

Basta con buscar el significado de solapado en la Rae, palabras que me ahorraré describir para no salirme del camino y más bien entraré en calor, no se me asuste solapado, me refiero a que disto de la doble moral de este perfil de personas, porque no hay cosa más rica que hablar de sexo con quienes ven en el tema la posibilidad de aprender, reír o recordar.

La doble moral de solapados y solapadas, podríamos decir que son los mismos mojigatos, no tiene nada que ver con la discreción y creer que el tema sexual es exclusivo para discernir con la pareja o el sicólogo que le está enseñando trucos para reactivar su vida sentimental.

Tampoco se trata de un tema para discutir con todos. La elección de quienes forman parte de una conversación sexual o erótica es aceptable porque no todos están preparados para comprender que el sexo hace más felices a las personas en su diario vivir social, laboral y de pareja.

timidez-1_560x280

 Seguro el solapado no discute el tema ante ninguna clase de público para hacer creer, sobre todo al sexo opuesto, que es un galán.

Lo que no sabe el solapado es que es fácil de identificarlo. Sí, usted ‘mosquita muerta’ que con un solo trago o en algún momento mostrará su esencia y no se le escapará una opinión sobre sexo, porque cuando la dé seguro es con tal brusquedad que pasará de mojigato a enfermo sexual.

Tomada de Internet.
Tomada de Internet.